De un majareta
y su locura
Como
bien dijo cobacho, febrero ha llegado y con él toda la locura que lo rodea y
nos vuelve majaretas.
Para
muchos de ustedes no es más que una fiesta de diversión, alcohol y gente con el
carajo fuera meando en cualquier esquina de Cádiz, o simplemente un concurso de carnaval que
televisan los del canal sur y que no entendéis ni la mitad de lo que dicen
mientras cantan.
Para mi es mucho más que eso, es el nerviosismo previo a
escuchar una agrupación que me gusta, es ese estado de felicidad al entrar en el falla,
son los buenos momentos que he pasado y pasaré con mis hermanos y amigos, son
aquellas coplas que en tantas noches nos desgarraba la garganta como la que
pide paso para salir.
Se podría decir que para mí el carnaval es un recuerdo.
Un
recuerdo a la madre que me ha parido y que desde pequeño me metió este veneno que es el carnaval.
Un recuerdo
a esas explicaciones que me daba tan simples y que a mí me sabían tanto a
gloria, tales como: “el cuarteto son MUY POCOS con MUCHO AHJE”, “la chirigota
es la que te hace reir”, “el coro son una harta de gente” y “la comparsa es la
pasión del falla, la que canta bonito y es capaz de hacerte llorar”. Cuanta
razón tenía la jodía, aun me acuerdo de las lágrimas que se nos saltaron a los
dos al escuchar este pasodoble.
Son
aquellas noches y sus horas de sueño que tumbado en la cama sacrifique por
escuchar las coplas que tanto me gustaban con una radio y unos auriculares,
dejándome al día siguiente cual zombi deambulando muerto de sueño.
Son
aquellas coplas que me distrajeron mientras sufría de desamor y otras guerras
que me quitaban el sueño noche a noche.
Para mí
el carnaval es todo aquello que me devuelve a mi infancia y a aquellas mágicas
noches junto a mi hermano y a mi madre escuchando las finales del falla.
Nunca
podré olvidar esa noche del 2002 que mi madre me soltó algo así como: “niño,
ahora te callas y escuchas que vas a ver lo que es bueno de verdad”. Aún puedo
sentir como se me ponían los vellos de punta con aquello que había escuchado y
que a decir verdad, aún no entendía en su totalidad lo que estaban cantando.
Que menos decir que aquello que escuché y casi me hace levitar fue la preciosa
presentación de la revolución,
sin menospreciar a otra comparsa que concursó y gano el mismo año como eran
aquellos ángeles caídos, una
de mis favoritas.
Solo
espero no caer en el gravísimo error que están cayendo muchos de perder la
pasión que le tengo al carnaval por culpa del fanatismo/derrotismo hacia los
diversos autores, espero no caer en ese marujeo que rodea las tablas del falla
cual sálvame deluxe hablando de banalidades como peleas y demás pamplinas entre
autores/integrantes de las diferentes agrupaciones.
Lo
único que pido es poder seguir teniendo esa pasión que tenía aquel niño que se
sentaba al laito’ de su madre y hermano, que se ponía ciego de gomitas y le
daban las tantas escuchando aquellas coplas de carnaval que han convertido a ese enano en un maldito majareta con su
locura: el carnaval.
Solo entiende mi locura
quién comparte mi pasión.