Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

Los 40 Principales

Es curioso cómo las nuevas tecnologías dejan a la gente atrás por nosotros. Me explico: hablas, hablas y hablas con alguien, y de repente el silencio. Ese silencio, que en la era pre-whatsapp pasaba desapercibido en la naturalidad de dejar de ver a ese alguien, ahora queda materializado en una lista de contactos viva, que se mueve, enseñándote la distancia marcada con cada persona de una manera física. Caemos -o caen- como las canciones de los 40 Principales.

Tenemos un Top Ten de la gente con la que nos relacionamos, a veces se cuela algún intruso, pero normalmente el Top Ten se mantiene. Por lo general, ese intruso, invitado, huésped o joven promesa –eso ya dependerá del tipo de contacto- puede llegar a cambiar hasta los emoticonos favoritos, dejando al descubierto qué tipo de intruso es, exponiendo a cualquier curioso con acceso a tu móvil tu vida privada.

Pero todo vuelve a la normalidad, como esas listas musicales. Al final permanecen los clásicos, los de siempre, y las novedades quedarán como aquella canción que dio el pelotazo aquel verano tan genial como lejano y de la que solo recordamos el estribillo.

Experimento babosil en "La Orillita del Río"

Una vez ingeridos los mililitros necesarios para nuestra misión, y tras haber calentado nuestros motores HS (Hijoputismo Sorayiano) nos disponemos a estudiar los especis, espexe, especímenes (escupiendo entre medias) existentes en nuestra querida y nunca suficientemente alabada Lucena (je je je).

Primero: quitemos el perdigón de la pantalla.

Segundo: pongamos, por poner un poner, que el lugar en el cuál se realizará el estudio se llama: La Orillita del Río. Y ponemos por poner este poner POR NO DAR NOMBRES QUE EMPIEZAN POR RI-, Y ACABAN POR -VERA. Que podríamos haber dado nombres, po' sí, que no lo hacemos, po' también.

En pos de la ciencia, y como paso imprescindible, intentamos entrar en este pub bajo peligro de convertirnos en algo que no somos, adquiriendo cualidades y características nada relacionadas con nuestra esencia de ser, corriendo el riesgo de salir de allí siendo algo que no somos: pijohs luhsentinohs deseando que llegue la semana santa y el día de la vihgen d'arahseli

Mardá:  hay que esperá cola pa' entrá. Y lo malo es que el mamón de Cobacho lleva sudadera. Esperamos un rato. Mientras tanto, nuestro informal amigo que sale con sudaderas en sábado noche, tiene un dèja vu y un flashback en la cola. ¿De qué era? Pues no me acuerdo, no lo apunté en el momento y las lagunas de esa noche emborronan partes que sólo Soraya puede recordar.

Como de costumbre, nuestro primer paso para acceder al local objeto de estudio es poner cara de no repudio la fauna existente dentro de este local, la de persona agradable, responsable y razonable y, por supuesto, la cara que nunca sabe poner bien Comich: no voy borracho.

Conseguido, con suerte el portero con acento del este europeo no se ha fijado en el facepalm de Isra al ver que Comich intenta sonreír con cara de tejuroquenamáquematomaouna fallando estripitosamente, para no variar, y logramos entrar en el colorido antro de refinada decoración y música reguetoniana.

Tras pasar el vestíbulo de independencia de cristal, Cobacho se pierde mirando un culo, y después por poco se cae escribiendo esto en el móvil. Ardua tarea la de realizar estudios científicos y tomar notas en un smartphone de pantalla resquebrajada mientras aún está fermentando en su estómago la levadura de La Cobacha (cerveza realizada por Jezú, Isra y, cómo no, nuestro intrépido, guapete y soltero científico cervecero).

Lo primero que notamos es una gran conglomeración de un sector de la población lucentina incapaz de relacionar zona de baile con bailar (gran razonamiento). Observamos que la gran mayoría no ha superado la ESO (pero por la edad, no es que pensemos que sean tontos).
La pose de la población objeto de estudio es la conocida como "El Playmobil" (o clí pa' los lectores gaditanos): sólo permite un leve movimiento de cadera con cubata en mano.

Sigue la noche, cada vez nos adentramos más en el pensamiento y sentir de nuestras cobayas de laboratorio. Poco a poco nos atrevemos a bailar como ellos, a movernos como ellos, y ¡aaargh! ¡¡nos encontramos con Povedilla!! Sora quiere hacerle una entrevista, pero los hermanos Cobacho se niegan rotundamente, no puede ser Povedilla: no lleva gafas.

La noche se desarrolla sin más incidentes que las caídas de ciertas féminas resultantes del babeo incesante de Comich.

Anotaciones del expermiento: 
- Olor corporal.
- Isra es un soso que no quiere bailar y además nos lo impide a nosotros con un "palmas no".
- A ciertas horas sólo quedan depredadores, o como diría Arza: competencia.
- El dj es una puta mierda.
- Y la música tambien.
- Los hermanos Cobacho, no pudiendo soportar más la tortura, solicitan terminar con el experimento, pero Soraya quiere escuchar la música pese a la mediocridad de su bailar.
- Finalmente el Dj vuelve a hacer una demostración de su habilidad al tocadiscos y de su gran repertorio de reguetón ochentero (existe, en este bar existe) y música electrónica deprimente, y convence a Soraya para abandonar el local.

Conclusión: cuando Cobacho bebe no sabe ponerse una sudadera bien y acaba metiendo las manos en los bolsillos que, misteriosamente, están en la espalda.
Colorario: azul azabache, negro manchón.
Teorema: Si te encuentras con Povedilla por Lucena, no lo entrevistes, no es él.


(Este experimento no tiene como objetivo el de insultar a nadie, ni el de ridiculizar las creencias, formas de bailar, de divertirse o de peerse en lugares públicos de nadie. En caso de sentirte molesto con alguna parte de esta entrada, antes de cagarse en los muertos, madre, padre o tutor de alguno de nuestros componentes, recuerde que ellos no tienen la culpa de que seamos así de gilipollas. Si desea realizar algún comentario hiriente o insulto, rogamos sea usted original y nada ordinario, no se conforme con un ordinario "queosfollen" o "tuputamadre". Entre todos podemos crear un mundo lleno de insultos con ingenio e imaginación.)

Come Back Home

Bueno, después de un merecido descanso creo que ya va siendo hora de soltar la entrada que tenía pensada  desde hace tiempo pero que por motivos varios no pude publicar.
Ahora que la Navidad ya ha pasado, y con ella mi estado de nostalgia típico de estas fechas, me gustaría hablar del hogar, y diréis: “vaya pamplina ompare”, ya lo sé pero si eres de los que vive fuera del sitio que te vio nacer quizás llegues a entender lo que digo.
Para mí el hogar no es esa casa típica donde vive la madre que te dice: “niño limpia el cuarto que he visto una pelusa hablando cinco idiomas diferentes”, el padre que te dice: “….” (por lo general los padres hablan poco la verdad…) y el hermano pesado que te refriega por la cara que liga más que tú y que ha tocado más tetas en un día que tú en tus 22 años.
El hogar es un estado mental, el cariño de los tuyos, del cuál te tienes que rodear para seguir adelante, ese lugar indefinido que te vio nacer, crecer, caer y levantarte. Donde refugiarte en momentos de estrés máximo producto de esta vida que pasa rápidamente sin preguntarte si estás cómodo o no. Pasa sin más, sin freno.
Con esto quiero decir que no tienes que tener un hogar donde vivir, sino un hogar al que volver y coger fuerza para seguir adelante con tus sueños y metas.
Lo siento por tal truñaco sentimental, pero lo dije al principio y por estas fechas me suelo poner bastante nostálgico.
Os dejo una canción que desde que la escuche estoy totalmente enamorado de ella y guarda relación con esto que os he contado aquí:  Come back to the middle

P.D: mamá ve preparando los flamenquines para la próxima vez que ya estoy hasta el carajo de potaje y puchero de la abuela!