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ERROR

Algo va mal. Los yogures de cereza no me saben tan bien como de costumbre.  ¿Qué me pasa? ¡Qué insatisfacción! Igual debería… Tomar… ¿Yogur griego? Pero… ¿Y si me gusta demasiado y ya no puedo dejar de tomarlo? MEEEEEEEEEEEK. ERROR DE SISTEMA. No, no, no. Mejor no jugársela. He tenido un sueño. ¿Qué significa? Carrefour me ha propuesto hacerme socia de su club. MEEEEEEEEEEEEK. ERROR DE SISTEMA. Demasiado compromiso, por dios. Llevar siempre su tarjeta en la cartera. Comprarles a ellos la gasolina del coche. ¡Quiero sentirme libre y no ser miembro del club Carrefour ni del club de los poetas tuertos! Libre, libre en el mundo. Libre.  ¿Quedamos el domingo de la semana que viene? MEEEEEEEEEEEEEEK. Demasiada antelación, me gusta improvisar. ¿Comemos pizza? MEEEEEEEEEEEK. ¿Me das un beso?MEEEEEEEEEEEEK. ¿Bebemos agua? MEEEEEEEEEEEEEK. Vamos… MEEEEEEEEEEEEEEK. ¿Te importa… MEEEEEEEEEEEEEEK. Y… MEEEEEEEEEEEEEEK.


Disculpe, ¿señor electricista? Sí, mire, se me han fundido los plomos…

El Cuento de Pan Y Pimiento (o De cómo surgieron los montaditos de lomo)

El Cuento de Pan Y Pimiento.

Una buena tarde de verano un pan y un pimiento se fueron a caminar por el campo pero empezó a llover, por lo que Pan se puso blandito y empezó a deshacerse. Entonces Pimiento sacó su paraguas de hoja de planta de pimientos y  lo tapó.

Tras el paseo romántico bajo la lluvia veraniega, se casaron, pero Pan le puso los cuernos a Pimiento con Lomo, y así tuvieron a Montaditos-de-Lomo.

Ante las ausencias de Pan, Pimiento comenzó a sospechar y contrató a un espía, Mahonesa, que rápidamente inició su investigación.

Siguiendo a Pan, lo vio encontrándose con Lomo y una amiga de Pan, una chica, y eso se sabía por la raja de delante, llamada Parte-de-Arriba.

[Recapitulemos: tenemos a Pan (el infiel), a Lomo (la amante), a Pimiento (el cornudo) y a una  amiga de Pan (Parte-de-Arriba)]

Estaban hablando cuando la amiga de Pan, Parte-de-Arriba, se ausentó por unos instantes, momento en el cual Pan y Lomo se pegaron mucho, demasiado. Ante ese panorama, Mahonesa corrió hacia ellos, pero Parte-de-Arriba lo vio todo y persiguió a Mahonesa. Todos se espachurraron como resultado de las inercias de las carreras, y así surgió el Bocadillo simple de Lomo.

El pobre Pimiento quedó desolado al ver que su querida Pan hacía tan buena pareja con Lomo, pero, por cosas de la vida, y perversiones del mundo natural, formaron tríos ocasionales en los que corría la cerveza sin parar, fruto de los cuales surgieron los Montaditos de Lomo con Pimientos.

FIN.

Sueños de libertad.

Sombras 
es lo que veo a través de unas verjas,
alimentadas por una luz que proviene de la luna y de las estrellas,
luz que titila como guiñándome y me hace cómplice de algo que no llego a comprender,
pero que por eso mismo me atrae hasta límites inimaginables.
Límites que uno se impone y que en realidad no existen,
al igual que las verjas,
 que impiden que baile con las sombras que se mecen al son del viento
con movimientos cautivadores.
Movimientos que me transportan a un sopor al que caigo y donde los límites se olvidan,
y por fin soy libre.

Chiclanan Horror Story

Los estertores de la nocturnidad proclamaban la llegada de un nuevo mes al calendario. 31 de julio de 2014, 23:59 horas de la noche. En un no tan apartado patinillo de una bonita pero repleta de escalofriantes secretos urbanización en la zona costera de Chiclana, se reúnen un dispar grupo de jóvenes entre los que no me incluyo, y un viejo, yo, provenientes de diferentes puntos de la península ibérica, contando con un total de 10 componentes a dividir a partes iguales entre hembras y varones. Si nos organizamos bien follamos todos, pensé yo, pero el cobrizo reflejo que descendía de las nubes sobre nuestras cabezas tenía otros planes para nosotros.

La noche se presentaba de un rojizo burdeos que sólo las féminas presentes en la reunión lograban calificar como tal, y que los más hombríos de nuestra humilde congregación definían como: "iyouu, ¡no está feo el cielo ompare!". Los temas de conversación debatidos en la mesa recorrían el amplio abanico que va desde la visión de fantasmas en el pasillo de casa por un asustado niño de 10 años, hasta la visión de una sóla persona en el mismo pasillo de la misma casa por el mismo niño que ya no estaba asustado porque ya no tenía 10 años y que por ello miraba al fantasma diciendo bah, qué pesao eres blancucho de mierda. Bueno, quizás los temas de conversación no eran demasiado variados, pero qué otra cosa podíamos hacer estando frente a una vela ahuyenta-mosquitos que se debía haber quedado sin pilas presidiendo la mesa junto a una cruz de romero verdadera fabricada por el abuelo del niño que veía fantasmas en el mismo pasillo de su casa sin darse cuenta que en realidad estaba mirando por la ventana trasera de su habitación que da al callejón de entrada al Centro de Rehabilitación Lindsay Lohandejado Oloestánintentado. Si os soy sincero, yo tampoco soy capaz de leer esta parrafada de un tirón sin asfixiarme. Al igual que tampoco fui capaz de entender en toda la noche el significado de "cruz de romero verdadera" ¿Acaso las hay de mentira? ¿Deben tener las cruces de romero unas dimensiones y proporciones exactas para ser de verdad? Porque de ser así debe ser bastante complicada la fabricación de dichas cruces de romero verdaderas, ya que ninguna de sus cuatro partes eran simétricas. 

Los minutos corrían despavoridos como jóvenes titulados en busca de un futuro fuera de España. Se acercaba la hora de la verdad, en la que poner a prueba los nervios de acero de nuestra estructura molecular. Más nerviosos que Pepa Pig en el día de San Martín, nuestros aventureros amigos miraban sin parar el reloj a la espera de la llegada del undécimo en discordia, el que le diera sentido al adjetivo calificativo que he usado al principio para describir el grupo: dispar. El cada vez más colorado cielo nos invitó a abandonar nuestra terrorífica desventura con un par de gotas insignificantes. Creo que esa noche el cielo estaba puesto a dedo por Fátima Báñez, ya que sus medidas de creación de miedo eran similares a las de creación de empleo de nuestra afrankensteinada ministra.

Mientras los minutos pasaban y pasaban, nuestra compañera babosa Soraya nos deleitó con las inverosímiles historias de Iome Kanont Uscastas, la niña medio francesa medio congoleña del sur que habitaba en el pozo de su sótano. Sí, inverosímiles ¿cómo me las voy a creer Soraya? ¿quién coño tiene un pozo en un sótano en el que vive una niña que lleva como nombre un chiste malo de Yo me cago en tus castas?

En esto que se empiezan a escuchar ruidos dentro de la casa. Un incesante tintineo de llaves, un no parar de pasos de pies pequeños pero musculosos, un caudaloso chorro de algún líquido de alta fluidez cayendo interminable sobre lo que parecía ser un depósito de heces humanas.
De repente todo quedó en silencio, un cuerpo se movió en la oscuridad dejando entreabierta la puerta del baño, permitiéndonos vislumbrar las femeninas formas de la sombra proyectada por la luz proveniente del ojo de buey que coronaba la ducha. Finalmente el cuerpo hizo acto de presencia: era Nuria, había ido a mear.

Tras el primer susto de la noche aumentaron las ansias de los cuerpos carnosos por la espera del úndecimo en discordia. Una de las compañeras sacó una bolsa de pipas de girasol tostadas y aderezadas con más sal que el culo de un bebé tras cuatro horas de playa. La chasqueante rutina del coger una pipa, morderla y sacar el grano con la puntita de la lengua pareció tranquilizarnos pese a todo. El cielo, tras su parón de hora y media para el desayuno (¿veis como era funcionario?), intentó de nuevo hacer como que nos mandaba a casita para que tita Fati no se mosqueara. Estas nuevas gotas no venían solas. Su leve caer húmedo los sorprendió con la llegada de Carlos, el esperado, y su gran alteración etílica. De nuevo el cielo volvió a fallar en su labor.

Una vez todos reunidos, la tensión existente disminuyó hasta los límites del aburrimiento de tal forma que, con el correspondiente decrecimiento en la respiración de nuestros protagonistas, provocó un cambio en la presión que soportaba la disfuncional vela anti-mosquitos, haciendo que ésta se apagase ipso facto. Los efectos de este inquietante suceso podrían haber sido descritos por Stephen King a la perfección, elucubrando sobre todas y cada una de las caras de espanto y terror dibujadas en cada uno de los allí presentes mientras el humo de la vela ascendía humeante, que para eso es humo, hasta diluirse en el cargado aire del crepúsculo. Pero no, lo he escrito yo, y no me negaréis que ha quedado bien.

Puesto que la esperanza es lo último que se pierde, y el nuevamente acojonado grupo de amigos aún creía en la eficacia de la vela para quitarles de encima a los molestos mosquitos, volvieron a encender la vela, y cuál fue su sorpresa cuando vieron atravesar de lado a lado de la casa una misteriosa sombra misteriosa. Sí, era misteriosamente misteriosa. Se deslizaba cual sábana al viento sobre el suelo, los pasos de la sombra por las salas contiguas al salón eran inaudibles, pero no así lo eran los metálicos sonidos que nos avisaban de su aparición. O la caída de objetos al suelo tras un tenso silencio. O el fluir de grifos abiertos simultaneamente. Sólo faltaba oír el intermitente botar de una pelota o canica por las escaleras y más de uno habría tenido que tirar su ropa interior a la basura.

Nuestros valientes cagaosdemierda feos amigos no parecían salir de su asombro. El cielo permanecía del mismo color, imperturbable, nublado como él solo. La noche había devorado todo ruido proveniente de cualquier lugar ajeno a la casa (exceptuando los bostezos del sobrino ministerial de rojo). Mientras tanto, la sombra seguía jugando con la imaginación del que cree que una cruz de romero verdadera, ahumada por los vapores del pestoso producto químico de la vela, podía provocar la aparición de fantasmas en casas. Vagaba la sombra por la casa, movía llaves, tiraba objetos al suelo, jugaba al abrir y cerrar de puertas, e incluso se atrevía a reproducir una suerte de escalofriante risilla pueril, acompañada por un chirriar de pies por el suelo. Sí, los pies chirrían, sobretodo cuando llevas suelas de goma en las zapatillas. Iiiiiiihhh. Exacto, ése sonido, ¿jode eh?

Con más temor a la bronca de su madre que al propio fantasma en sí, el más valiente de todos se atrevió a entrar en casa. No le quedaba otra, era la suya propia, y al resto de compañeros les sudaba tres carajos que el fantasma se quedase allí esa noche o el resto de su vida muerte. Las niñas aterrorizadas no se atrevían a mirar por la ventana, los niños, borrachos perdidos, no paraban de hacer ruidos con la boca y murmurar entre susurros las típicas frases rancias tales como pásame'lporro, cogedlo ahí, é un fistro de fantasma duodená, la maté'nagosto la caló apretaba.

Sin nadie esperarlo, una frenética risotada sonó histérica desde el interior de la casa. Jorge, el aventurero dueño de la casa, había visto algo, no sabía el qué, pero no podía parar de reír cual poseso por el espíritu raggatanga. Todos le observaban perplejos, los ojos fuera de las órbitas y la boca desencajada en un gesto de descojone máximo. Volvieron a sonar llaves, a caer objetos, grifos abiertos y pasos apresurándose a la ventana. ¡Dani para ya!, gritó Carlos, el undécimo en discordia, ¿pero cómo voy a ser yo, gilipollas, si estoy escribiendo? dije yo. Cuando de repente, ¡BLAM! un palo de escoba golpea fuertemente la ventana a la que estaban todos asomados. Todos se apartaron de un salto enorme hacia atrás, las niñas presentes gritaron de terror, los niños se hicieron los duros mientras se sujetaban algo por detrás del pantalón con las manos, nuestros babosas allí presentes estaban cada uno en una punta del patio: Soraya agarrada al árbol rezándole a Iome Kanont Uscastas, Nuria meando de nuevo en el arriate más alejado del patio, y yo, Cobacho, escribiendo esto: esto.

Cayó la escoba de la ventana, y tras una risita de niño chico, empezó a surgir de debajo de la ventana lo que parecía una bragafaja color carne de la talla XS. Conforme la bragafaja subía, nuestros compañeros se alejaban más y más de la ventana, cuidadosamente, sin movimientos bruscos, no vaya a ser que una bragafaja color carne de la talla XS los viese moverse con sus inexistentes ojos y les diese un bocado con su inexistente boca. Qué le vamos a hacer, el miedo es irracional. Y mis amigos medio carajotes.

Se escuchó un golpe alejado, todos desviaron la mirada de la ventana un instante, y al volver a ella, ahí estaba la imagen, impertérrita, impermeable, impersonal. No era una bragafaja color carne de la talla XS, no. Era la rodillera que está usando nuestro amado Cobacho para su esguince leve de rodilla y, como no podía ser de otra forma, la portaba él mismo en la cabeza. Tras un primer segundo de estupefacción, le siguieron los hijodeputa, lo sabíamos, qué cabrón, sabía que eras tú desde el primer momento, pronunciados por nerviosas caras mientras se deshacían de las heces ancladas a la pernilla del pantalón.

Sí, sí, todos sabíais que era yo, pero aquí huele a caquita, chavales.

Olvidos 2.0

Hello everybody!! (Que se note que la mitad de nosotros estamos preparándonos exámenes de inglés)

As you know, o como sabéis, porque es obvio, estamos en la recta final el curso, para los que estudian, para los que trabajamos nos queda un poco más para las vacaciones, pero estamos igualmente ocupados, porque es Mayo Cordobés y hay muchas cosas que hacer en muy poco tiempo.
Por cierto, el viernes empieza la feria, podéis venir tranquilamente a echar el fin de semana, o un día, tenéis hasta el día 1.

Y después de esta propaganda y disculpa por la ausencia, os contaré lo que me pasó el jueves, sí, se volvieron a olvidar de mí. Sí, mi madre y me dijo el viernes "luego encima lo contarás en el blog" y sí, aquí estoy para contarlo porque es que me sentí muy abandonada.

los jueves voy a la academia de inglés y salgo a las 21-45, normalmente me paro a tomar algo antes de irme a mi casa; y éste no fue una excepción. Después de estar un rato en la calle y luego empezar a morir de sueño, me fui a mi casa, Paco me dejó en la puerta y subí tranquilamente.
Cuando llego a mi puerta, cojo las llaves, intento meter la correcta en la cerradura y no podía, lo intento otra vez, le doy mil vueltas a la llave y nada. Venga a sacar la llave, mirarla, meterla, zangarrear la puerta y nada. N
NO quería pensar en lo que estaba pensando, pero es que no me quedaban más ideas, alguien, probablemente mi hermano el tonto, se habría dejado las llaves puestas creyendo que yo estaba ya en casa.
Le escribo al whatsapp, lo llamo y nada. Le escribo a mi hermana que suele dormirse tarde, nada. Mi madre...nada, no quería llamar a mi padre para que no pensara que era del trabajo y además estaba roncando mucho y muy plácidamente.
¿Qué me quedaba? Mi hermano Hugo, el pequeño. Y premio, el móvil (que suena igual que el de mi padre) con sonido, así que después de darle indicaciones de que estaba en la puerta de la casa y no del portal, consiguió abrirme.

¡¡¡SORPRESA!!!

Mi madre era la que había puesto las llaves y no me dejaban abrir, otra vez mi madre pasando de mí, luego quiere que no me queden traumas infantiles...

Así que imaginaos, más de media hora intentando entrar en mi casa, sin llamar, que lo podía haber hecho, a casa por no despertarlos a todos, que ya llevaban un rato durmiendo. Matizar que eran las 2, tampoco era una hora muy tardía, pero eso, no era cosa de despertar a todo el mundo.

El viernes le escribí a la señora desde la oficina y se lo dije, por supuesto ni se había enterado ( voy apañá con ella).  Le recordé que siempre me paro, que para qué cerraba, a lo que ella me dijo, nada, que se me había olvidado que no estabas...

A lo mejor es una indirecta, no lo sé, pero la cosa es que sigue olvidándose de mí y anda que no estoy ya grande...

Se ve que hay cosas que no cambias xD.


Un viaje de sombras y cajas

Cajas, la vida se compone de cajas.
Cajas, unas dentro de otras,
cual matrioska.
Y en el centro,
en el centro estamos nosotros,
junto a miles de sombras.
Unas que solo son eso,
sombras.
Otras, que se vuelven corpóreas,
pero de igual forma,
vuelven a ser sombras.
Algunas nos ayudan,
nos empujan,
y así, conseguimos llegar a la siguiente caja.
Unas pocas nos siguen,
y consiguen seguirnos a la nueva caja.
Otras desaparecen,
desaparecen en la oscuridad de una caja,
una caja cerrada,
fría y abandonada,
que enfría las demás cajas.
Y cuantas más sombras quedan atrás,
mas frío tienes que soportar.
Las sombras que te siguen,
te arropan y abrigan.
Pero al final,
al salir de la ultima caja...
Solo hay oscuridad.
Y las sombras desaparecen,
tanto las que te abrigan,
como las que te enfrían.
Y solo hay oscuridad.
Por eso hay que disfrutar,
disfrutar del calor
y del frió,
de las sombras
y de las cajas,
disfrutar del viaje.
Porque tiene final...
Pero mil cajas,
mil cajas quedan aún,
mil cajas por vivir.
Y yo, al menos yo,
las pienso disfrutar.