Cajas, la vida se compone de cajas.
Cajas, unas dentro de otras,
cual matrioska.
Y en el centro,
en el centro estamos nosotros,
junto a miles de sombras.
Unas que solo son eso,
sombras.
Otras, que se vuelven corpóreas,
pero de igual forma,
vuelven a ser sombras.
Algunas nos ayudan,
nos empujan,
y así, conseguimos llegar a la siguiente caja.
Unas pocas nos siguen,
y consiguen seguirnos a la nueva caja.
Otras desaparecen,
desaparecen en la oscuridad de una caja,
una caja cerrada,
fría y abandonada,
que enfría las demás cajas.
Y cuantas más sombras quedan atrás,
mas frío tienes que soportar.
Las sombras que te siguen,
te arropan y abrigan.
Pero al final,
al salir de la ultima caja...
Solo hay oscuridad.
Y las sombras desaparecen,
tanto las que te abrigan,
como las que te enfrían.
Y solo hay oscuridad.
Por eso hay que disfrutar,
disfrutar del calor
y del frió,
de las sombras
y de las cajas,
disfrutar del viaje.
Porque tiene final...
Pero mil cajas,
mil cajas quedan aún,
mil cajas por vivir.
Y yo, al menos yo,
las pienso disfrutar.