Es viernes. Son las 19:29, (las 12:06 según mi ordenador). Salgo de currar a las 21:00. Y estoy hasta el coño.
Me ha dado por abrir nuestro amado blog, y lo primero que he pensado es "coooño, solo habla de peos", y me he visto en la necesidad moral de escribir algo para que lo de los peos de Comich se quede más abajo y no sea lo primero que aparece.
El problema es que ahora que estoy en ello, estoy moviendo los dedos de mis manos sin saber de qué cojones escribir. Me gustaría hablar de mis mocos pero estaríamos en las mismas...
Aprovecho para anunciar a nuestros (inexistentes) lectores de que los babosos estamos a punto de realizar una de las galas mas pesteaculares de todos los tiempos: LA FIESTA TU CARA ME SUENA. Sé que estáis deseando ver las fotazas de Cobacho imitando al Opá, a la Carva imitando a Melody, y al Gafa imitando a Mario Vaquerizo... pero tendréis que esperar, porque el evento no será hasta dentro de dos semanas, y no puedo prometer nada sobre las fotos (si son demasiado picantes no podremos subir ninguna, y si van a dar demasiada vergüenza tampoco), pero sí puedo prometer que habrá crónica.
Y como ya he cumplido mi objetivo de dejar atrás en el tiempo los peos de Comich, os dejo en paz de una vez, que sé que las entradas mu largas os dan pereza. ¡A tomar por culo tol mundo!
Mostrando entradas con la etiqueta Peos. Mostrar todas las entradas
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Pffissft.
¿Os habéis parado a pensar alguna vez en la belleza de un peo flauta? Sí, una ventosidad de esas de escapársele a uno en lugares públicos tales como salas de espera del ambulatorio, oficinas del INEM, y/o en puestos de trabajo.
No me hagan mohínes ni me pongan caras extrañas, un peo de esos que suenan con un pitido chirriante, es glamouroso. Y vosotros lo habéis dejado caer alguna vez también, picarones.
Porque sí señores, no es la típica flatulencia sonora y estrenduosa, de las que nos recuerdan a las grandes tormentas de verano, de mucha descarga atronadora y poca agua. Tampoco esos cabrones sigilosos que hacen acto de presencia únicamente en tus fosas nasales. Es un peo simplón, sencillito y breve, que con un poco de suerte puede pasar desapercibido, ya que al chocar con las paredes interiores del orto, ortogonalmente, esto es, con 90º con respecto a la horizontal anal, los flatulentos gases gástricos convierten su pestilente energía en una vibración concéntrica, con punto central en el mismo ojete, que hace silbar a los pequeños pelillos, rizados o no, de las nalgas, hasta desaparecer en el choque de la tela interior de nuestra ropa íntima. De esta forma la transformación de energía eólica es evidente en la pequeña disipación de calor debida al rozamiento de estas ondas.
Sepan ustedes que esto que les digo no es ninguna tontería: el arte de los cuescos es de una complejidad espectacular, no apta para principiantes y personas de alta sensibilidad olfativa en general. Se precisan de muchos años de práctica y dedicación para conseguir uno controlar sus esfínteres en equilibrio con la naturaleza. Quede claro que hasta para pegarse un peo deber ser uno glamouroso.
Si no que se lo digan a Richard Gere, que un día se fue de putas, y ahora echan la película, mínimo, una vez al año.
No me hagan mohínes ni me pongan caras extrañas, un peo de esos que suenan con un pitido chirriante, es glamouroso. Y vosotros lo habéis dejado caer alguna vez también, picarones.
Porque sí señores, no es la típica flatulencia sonora y estrenduosa, de las que nos recuerdan a las grandes tormentas de verano, de mucha descarga atronadora y poca agua. Tampoco esos cabrones sigilosos que hacen acto de presencia únicamente en tus fosas nasales. Es un peo simplón, sencillito y breve, que con un poco de suerte puede pasar desapercibido, ya que al chocar con las paredes interiores del orto, ortogonalmente, esto es, con 90º con respecto a la horizontal anal, los flatulentos gases gástricos convierten su pestilente energía en una vibración concéntrica, con punto central en el mismo ojete, que hace silbar a los pequeños pelillos, rizados o no, de las nalgas, hasta desaparecer en el choque de la tela interior de nuestra ropa íntima. De esta forma la transformación de energía eólica es evidente en la pequeña disipación de calor debida al rozamiento de estas ondas.
Sepan ustedes que esto que les digo no es ninguna tontería: el arte de los cuescos es de una complejidad espectacular, no apta para principiantes y personas de alta sensibilidad olfativa en general. Se precisan de muchos años de práctica y dedicación para conseguir uno controlar sus esfínteres en equilibrio con la naturaleza. Quede claro que hasta para pegarse un peo deber ser uno glamouroso.
Si no que se lo digan a Richard Gere, que un día se fue de putas, y ahora echan la película, mínimo, una vez al año.
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