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Sueños de libertad.

Sombras 
es lo que veo a través de unas verjas,
alimentadas por una luz que proviene de la luna y de las estrellas,
luz que titila como guiñándome y me hace cómplice de algo que no llego a comprender,
pero que por eso mismo me atrae hasta límites inimaginables.
Límites que uno se impone y que en realidad no existen,
al igual que las verjas,
 que impiden que baile con las sombras que se mecen al son del viento
con movimientos cautivadores.
Movimientos que me transportan a un sopor al que caigo y donde los límites se olvidan,
y por fin soy libre.

Un viaje de sombras y cajas

Cajas, la vida se compone de cajas.
Cajas, unas dentro de otras,
cual matrioska.
Y en el centro,
en el centro estamos nosotros,
junto a miles de sombras.
Unas que solo son eso,
sombras.
Otras, que se vuelven corpóreas,
pero de igual forma,
vuelven a ser sombras.
Algunas nos ayudan,
nos empujan,
y así, conseguimos llegar a la siguiente caja.
Unas pocas nos siguen,
y consiguen seguirnos a la nueva caja.
Otras desaparecen,
desaparecen en la oscuridad de una caja,
una caja cerrada,
fría y abandonada,
que enfría las demás cajas.
Y cuantas más sombras quedan atrás,
mas frío tienes que soportar.
Las sombras que te siguen,
te arropan y abrigan.
Pero al final,
al salir de la ultima caja...
Solo hay oscuridad.
Y las sombras desaparecen,
tanto las que te abrigan,
como las que te enfrían.
Y solo hay oscuridad.
Por eso hay que disfrutar,
disfrutar del calor
y del frió,
de las sombras
y de las cajas,
disfrutar del viaje.
Porque tiene final...
Pero mil cajas,
mil cajas quedan aún,
mil cajas por vivir.
Y yo, al menos yo,
las pienso disfrutar.