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De la transcendencia universal de la comunicación profunda (o Cómo una conversación de Whatsapp acaba convertida en entrada)

“Puedo escribir y no disimular
es la ventaja de irse haciendo viejo”

A esta conclusión llegué ayer en una charla nocturna con algún/alguna amigx por Whatsapp de cuyo nombre no quiero acordarme que permanecerá en el anonimato (por aquello de la protección de la fuente y tal).

Caprichos de la vida, o un subconsciente muy puñetero, me han llevado a escuchar esta maravillosa canción, y recordar toda esa conversación, de Fito & Fitipaldis.

Y es que resulta que en plena “Era de la Comunicación” (la de la Información quedó atrás hace tiempo ya, o eso creo) hablamos con todo el mundo menos con nosotros mismos  (quizá por ello surgen tal cantidad de blogs, no sé). Esos ratitos que teníamos para nosotros mismos se han convertido en ratitos para hablar con tus amigos “los que están lejos”, para leer chistes malos en los grupos de Whatsapp (sí Cobacho, esto va por ti) o  para ver vídeos de gatitos (que aunque son una cucada, seamos sinceros, no aportan nada productivo a nuestra vida).

Ya no nos escuchamos y, como no nos escuchamos, nos tenemos que leer, que estamos más familiarizados con eso al parecer. La cuestión es que al escribir en un sitio personal, o al hacerlo a cierta edad, - o puede que sea solo por la coyuntura personal que en un momento determinado te precipita a ello -, te sinceras contigo mismx y con el mundo, sin disimular.

Y descansas.

Y aprendes.


Y, lo peor de todo, le coges el gustillo, aunque eso no signifique dejar de leer los chistes malos.




Los 40 Principales

Es curioso cómo las nuevas tecnologías dejan a la gente atrás por nosotros. Me explico: hablas, hablas y hablas con alguien, y de repente el silencio. Ese silencio, que en la era pre-whatsapp pasaba desapercibido en la naturalidad de dejar de ver a ese alguien, ahora queda materializado en una lista de contactos viva, que se mueve, enseñándote la distancia marcada con cada persona de una manera física. Caemos -o caen- como las canciones de los 40 Principales.

Tenemos un Top Ten de la gente con la que nos relacionamos, a veces se cuela algún intruso, pero normalmente el Top Ten se mantiene. Por lo general, ese intruso, invitado, huésped o joven promesa –eso ya dependerá del tipo de contacto- puede llegar a cambiar hasta los emoticonos favoritos, dejando al descubierto qué tipo de intruso es, exponiendo a cualquier curioso con acceso a tu móvil tu vida privada.

Pero todo vuelve a la normalidad, como esas listas musicales. Al final permanecen los clásicos, los de siempre, y las novedades quedarán como aquella canción que dio el pelotazo aquel verano tan genial como lejano y de la que solo recordamos el estribillo.

Elogios

Me cago en los babosos!!!!!

Todas las noches lo mismo:

-Bla bla bla
-bla bla bló!
-(nota de voz)
-jajajajajjajaja qué cabrón (o cabrona)

Y una aquí, que tiene que estudiar, hacer trabajos y demás historias, con un sueño que se muere… y encima me entretengo en leer sus paranoias y comentar!!!!!!!!!!!
No sé de qué me quejo, los elegí yo =)


 Y es que en el fondo tienen sus cosas buenas: no hay que echarles la comida en un bol, saben beber agua solos y no hay que recogerles las cacas… Bueno, y más cosas, pero no es cuestión de hacerles la pelota que se suben a la parra y escriben mucho.

Un día cualquiera no sabes que hora es...

Te acuestas a mi lado sin saber por qué. Hostia puta, las siete y media otra vez, para qué me pondré yo tres despertadores todos los días si al final me acabo despertando con el último y esta semana en concreto muy a duras penas...
Preguntas mentales que no tienen respuesta, o sí, dormir más. Así de simple, aunque eso conlleve que tengo que ponerme lo primero que coja en el armario, hacer la cama mal (tanto que cada noche se me salen más las sábanas), no peinarme, tener cuidado al ponerme las lentillas de no saltarme un ojo, echarme la crema de la cara con una mano mientras me tomo el cola cao con la otra, coger la pastilla y salir corriendo. (No me he tomado la pastilla hoy, voy a ello)

¿Correr a las 7:45? Sí, es que me encanta la brisa mañanera... NO, es que si me levanto con la hora pegada al culo, no me queda otra para que mi compañera me recoja y me lleve al trabajo.

Podéis pensar, joder ésta que buen humor tiene por la mañana, no es eso, es que lo de correr para estar a las 8 sentada aporreando las teclas con tu mejor sonrisa (así tipo Barbie) dando los buenos días a todos, no es lo que más me apetece, pero generalmente, bueno a veces, mmm algunas veces no estoy de mal humor por las mañanas.

Y así empiezan todos mis días, pero la culpa de que me acueste tarde y por eso esta semana en concreto me tenga que levantar haciendo la croqueta casi, no es mía. Eso nunca, es de los demás que me distraen, sobre todo mandando notas de voz por Whatsapp, pero ese apartado lo dejamos para un poco más tarde.

Ah, a todo mi ajetreo matutino de 15 minutos tengo que sumarle mirar el móvil y dar los buenos días mínimo en el grupo de la familia y en el de KTB para comunicar que estoy despierta, o para averiguar que Comich el puto no se ha dormido, aunque eso quizás deberíamos también dejarlo para otra dosis.

Os beso, pero no mucho que me canso.